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martes, 15 de octubre de 2013

EL ESPIRITU OBSERVADOR



Decidí morirme para encontrar placer en el viaje. Ahora no tengo limitaciones ni económicas, ni temporales. Disfrutaré observando el eterno con mi paso andante y no me cansaré en perder mi virginidad a través de mi olvido. No existo, más que para mi y para el éxito en un lenguaje que no conozco. Me he convertido en un autómata viajero y en un electrón cansado de voltear sin rumbo. Me gusta que las personas respiren a mi alrededor. Nunca sé quienes son. Sus caras no son desconocidas y su halo es de forasteros ásperos. Los considero actores de una vida ajena a la que vendí por no querer hipotecarme con la trivialidad de la típica familia feliz. A ellos les susurro en el oído cuando me acerco y se aterrorizan por mi presencia-ausencia, imposible de materializar con dignidad.
Soy un polisón universal de constante cambiante y ultrasónica metamórfica; fantasma me dirían algunos o viajero del más allá dirían otros.


jueves, 10 de octubre de 2013

LAS NEURONAS DEL CORAZÓN





Acabo de descubrir que mi corazón tiene memoria. No es una broma filosófica ni ninguna metáfora literaria: ¡El corazón tiene neuronas!. Él se acuerda de cuando lo obligamos a correr obligatoriamente el día que perdemos el autobús; llegamos tarde al trabajo o cualquiera otra actividad no recomendable por ser sedentarios titulados.
Desde que leí un artículo de divulgación socio-científica, en concreto una entrevista a una neuróloga exponiendo el tema, a mi "músculo" lo trato diferente, de reojo. He decidido que debo potenciar mi amistad con él, mas que nada por si me juega una mala pasada y me mata. Al fin y al cabo nadie se puede fiar de nadie. Tratándose de un ser pensante, he reflexionado y tal vez pueda mantener una conversa interesante, de intelectual a intelectual. Un día, como aquel que no quiere, le pregunto que piensa sobre la crisis económica. No me responde. Eso me provoca entrar en un estado de obsesión psicótica. Según el especialista de la entrevista a la neuróloga, el cerebro envía menos órdenes al corazón de las que recibe, vaya que no le hace mucho caso al "jefe" del cuerpo. La situación es clara, no me ha querido contestar porqué no soy lo suficientemente inteligente para él. Reflexiono profundamente sobre la situación que me ha ocurrido y pienso que es absurda. Me digo a mi mismo, que inocente eres Néstor, ¡El corazón no tiene boca! Pero acto seguido colisiono con otros hechos en los cuales recuerdo haber mantenido conversas con mi conciencia y esa ¡Ni labios tiene!. Lo que me molesta más es que hasta no hace mucho rato, yo vivía muy tranquilo y relajado sabiendo y teniendo la seguridad que yo sólo era dueño de mi cuerpo; que dominaba mis pensamientos y mis emociones. Desde que tengo “competencia” me he vuelto vengativo y he decidido torturar a mi corazón a sobresaltos y a alimentarlo de colesterol. ¡No le voy a dar el gusto de enamorarse! ¡Prefiero tenerlo tonto y ser su amo y señor absolutista!. ¡Solo faltaría más!

lunes, 7 de octubre de 2013

SOMBREROS

Un día me hice una pregunta coherente mientras estaba de pie frente una tienda centenaria de sombreros. En la esquina de enfrente de mi casa. ¿Por qué existen esas tiendas si nadie utiliza ese complemento de ropa?
Mi primer pensamiento que me martilló mi mente fue que sólo los calvos los utilizan, por una cuestión de protección personal contra los agentes meteorológicos y biológicos (frío, picadas de avispa asiática...). Tuve casi al instante una decepción profunda. Una bandada de gente desnuda, sana y sin pelos en ningún sitio rompió el silencio de mi vuelta a casa después del paseo matinal. ¡Solo iban vestidos con unas botas militares! ¡Desfilaban en formación y se manifestaban talmente como si fueran caballos desbocados pisando uvas! Declarando la falta de pelo un símbolo de evolución humana y proclamando la muerte a los prehistóricos e involucionados: a los peludos. Había diversas pancartas como: ¡Nunca tenemos frío! O esta: ¡Aomos pelados, algunos calvos y todos por supuesto, inteligentes! o alguna otra, un poco más larga: ¡A la hoguera el capitalismo consumista! ¡No queremos camisas, pantalones, camisetas, calzoncillos ni sombreros!Cuando hubieron pasado por delante mío y se alejaron, la calma volvió en mi domingo. Era evidente que los calvos del pueblo no utilizaban los sombreros y por eso decidí olvidarme de ellos.
Volví a casa a comer mi arroz a la cazuela de costumbre. Dormir mi siesta de doce minutos y medio y luego ir a tomar el café de tarde en el bar de mi amigo en el casco antiguo. Nada más cruzar tres calles, aparecen cincuenta individuos en el cruce donde hay un supermercado africano y en donde venden cuernos de elefante cazados por el rey Juan Carlos II. De buenas a primeras, hubiera dicho que todos eran gemelos. ¿Recordáis los hermanos “Dupond-Dupond”, los policías de las aventuras de Tintin? ¡Calcados! Con su sombrero, bastón, vestido negro y bigote hitleriano largo. Al parecer estaban celebrando una marcha pacífica en favor de la elegancia masculina, el buen vestir y el sombrero. En el momento de cruzarse conmigo se pararon en seco los cincuenta hombres a la vez, me miraron y comentaron:
-Apolinar, tendrías que comprarte un sombrero y algún traje, te favorecería. Parecerías más esbelto y seductor.
Les contesté:
-Lo sé, lo sé. La tienda que tengo cerca de mi casa siempre está cerrada y aunque quisiera no podría comprarme ningún sombrero. ¿Y traje? ¿Para qué? Si no me caso y no lo haré nunca. Esos vestidos sólo uno se lo pone en las bodas. Que yo sepa, ustedes son los únicos del pueblo que llevan algún armatoste en la cabeza y traje.
Los gemelos bien vestidos suspiraron con gesticulación resignada:
-Ay Apolinar, Apolinar. Este es uno de los motivos de nuestra marcha pacífica. Mostrar el camino a todo aquel que no comprenda el concepto de la estética universal contemporánea.Viajar por el mundo es saludable e educativo. Debes salir de este pueblo pequeño y raquítico. Aspirar un nuevo aire. En todos los pueblos y ciudades del mundo la gente viste el sombrero, enamora con él, menos en este pueblo. Para que sepas, hasta hay encuentros de sombreros para discutir las distintas formas de calzarlos en la cabeza. Establecer las últimas tendencias del mercado y exponer nuevos materiales, tipos de corte, de confección…
AApolinar, Apolinar. La tienda que tu has comentado está cerrada, ¡Como no va a estarlo! ¡Si el sombretero murió hace años!
Los cincuenta “Dupond-Dupond” se despidieron elegantemente, como no, y siguieron su marcha pacífica a favor de la elegancia masculina, el buen vestir y del sombrero, todos a unísono. Y yo me fui a tomar mi café como cada domingo de mi vida, habiendo resuelto por primera vez una pregunta coherente.