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viernes, 18 de octubre de 2013

EL DICTADOR CASTRATTI

Soy el Sr. Castratti. Soy dictador no declarado y me produce placer, tener el dominio casi absoluto de una isla en forma de plátano deforme.
Hoy es domingo. Día del “Señor Inexistente”. Debería ponerme ante las cámaras para verbalizar un deslenguado largo discurso patriótico de carácter reformista, pero me da pereza. Para eso tenemos a Merkol y Hollandí que lo están haciendo de maravilla.He decidido guardar saliva para mi dedo pulgar y poder girar las páginas del periódico nacional y centrarme en la sección de necrológicas internacionales titulada: “¿Quien ha muerto? Me da orgasmo mirarlas. Tantas cruces negras, gordas y firmes. No sé si realmente creerme que toda esa gente sea católica de verdad.Observo si aparece mi nombre. Uno puede sorprenderse de encontrarse dado por muerto y por si acaso lo chequeo. Hay que ser un precavido con mala leche. He tenido suerte y voy ganando otra vez ¡Estoy vivo!. Últimamente estoy disfrutando de lo lindo con las pérdidas humanas que van apareciendo en semanal.
Me alegra decir que en el campo político, ya tengo un competidor que me caía mal, criando gusanillos de estiércol: Emanuel Frago.Una vez que lo visité intentó capitalizar mis ideas y le dije en tono muy serio que no tenía suficiente capital para hacerlo. Parece que no comprendió mi ironía de cuna inglesa victoriana. Los “galligos” del norte de “Espuña” son lentos de reflejos.
Esta semana también Toní Topías ha decidido desmaterializarse.Era un hombre que pintaba ideas conceptuales líquidas e incrustaba materia banal en el lienzo paraviento. Puedo decir con orgullo y ostento que poseíamos una conexión común. Un fin único que era el poder de la meditación y el de creer en nuestras ideas, aunque nadie las entiendera, con la finalidad por encima de todo de llevarlas a cabo, en su total plenitud.
Hoy en la mañana cuando me he despertado y he puesto la radio he tenido un sobresalto, casi tengo un desencaje de fémur porqué ha empezado a sonar un cántico nacional “yanqui” o… yonqui, en esa circunstancia daba igual, porqué lo cantaba la colocadísima Pitni Iustón. El negro de la esquela del noticiario le combinaba bien.
Hay un fallecimiento que me ha emocionado. Lo reconozco. He llorado de emoción: la última superviviente de la Primera GuerraMundial, una camarera. Una mujer entregada al deber; a la obligación de servir al soldado valiente. Ojalá hubiera podido contratarla, pero teniendo esas malditas jodidas y repulsivas leyes capitalistas, destructivas del pensar austero y comunista; me lo han impedido. Tengo que admitir que me hubiera gustado que me sirviera un ron de media mañana y que me encendiera mi puro de tarde.

miércoles, 9 de octubre de 2013

VERBORREA




De todos es sabido que a los niños pequeños, aquéllos que digamos que ya son capaces de tomar objetos y molestarte tirándolos al suelo, como quien no quiere, les entusiasman los colores llamativos y chillones. Pues a mi me gustan las palabras que para los demás son desconocidas. Aquellas que han sido almacenadas detrás del cerebro y quedan en desuso. Tal vez por falta de memoria no se utilizan pero a mi atraen como el canto de sirena a un pirata de ultramar.
Tengo un amigo que un día, pensé en decirle que su novia era una “sociocida”. Ve a saber que hubiera pensado siendo orgulloso como es. Con la facha de búho imperial (bubo bubo, para los entendidos) que calza no reconocería que no sabe que significa la palabra. Pero tengo problemas en imaginármelo chillando con frases por el estilo de: ¡Mi pareja no es una suicida ni un insecticida ambulante! ¡La laca de la permanente de tu madre si que lo es! ¡Indencente!
En una mañana de domingo, en aquellas en que uno está aposentado en una terraza con vistas al mar, con su correspondiente sol de invierno, con la playa vacía y con el único ruido del mar sinusoidal, se alcarchofan en la mesa de al lado dos homínidos supuestamente de género femenino tirando a caduco.Podrían ser masculinos, no te lo sabría especificar. En cincuenta mesas a la redonda, la del lado mío, era la mejor según su criterio. Garlaban con mucha eficiencia. No había manera de experimentar la soledad japonesa de Murakami. Decidí entrar en acción con elegancia inglesa:
Queridas! ¿Con esa verborrea no se os queda la boca seca?
y me respondieron:
Muchachote! nosotras no tenemos almorranas y que yo sepa en la boca no hay!
Ignorantes pensé, no quise continuar la conversa. Podía haberles dicho que me producían zozobra, pero naturalmente y manteniendo su nivel de inteligencia, seguro que me responden, que como me atrevía a compararlas con cebras africanas si ellas eran de la Costa Brava. ¡Me faltan palabras para emocionarme!
Tengo la sensación que me tendrían que pagar para detectar la gente ignorante, aunque en ese país es de extrema necesidad que existan. ¡Viva España!