miércoles, 16 de octubre de 2013

EL VESTIDO DE NOVIA FLUORESCENTE




Es de noche. Me acabo de sentar en una silla de madera incómoda y he encendido la televisión para ver en directo la gala de Los Goya. Motivo suficiente para estrenar mi vestido de novia verde fluorescente. Lo compré en una época en que la cultura filipina me había seducido hasta la médula de los huesos.
Aquella misma tarde me habían llamado des de un número desconocido y al intentar contestar me cayó el móvil dentro la taza del baño. No sé que me pasó, me vino un espasmo raro, un hipo y seguramente era de las lentejas con chorizo del mediodía. ¡Manda huevos! exclamé como Federico Trillo en la España deAznar. Cuando me estaba arrodillado y con las manos en remojo intentándolo sacar del sifón en que había quedado atascado, sonó el teléfono fijo que lo tengo instalado en el baño. Consigo descolgarlo con un éxito rotundo. Me confirman que recibiré unGoya honorífico por mi trayectoria "profesional" y a media gala me vendrán a buscar en casa con una limusina recortada y austera de alquiler. La chica, que por el tono de voz diría que era un poco promiscua, me explica que hace falta que esté preparado en el momento que golpeen la puerta con autoridad y que no me asuste de ninguna de las maneras. No es que quieran detenerme por manifestarme contra la política actual en público, ni por ser desahuciado por no pagar las letras de la hipoteca, sino que espara ser acompañado al teatro principal, no fuera el caso que me perdiera. Ser despistado tiene esas cosas. Colgué el aparato telefónico y con los nervios de la noticia, me senté en el retrete desahogándome severamente.
En mi profesión siempre hay que ir vestido de oscuro, sería por decirlo de alguna forma mi uniforme laboral. Según las épocas del año uno tiene que aprenderse algunos guiones y actuar con total credibilidad. Mis espectáculos son directos y en ellos se desprende mucha energía. Llevo una dilatada trayectoria y es lógico que los académicos se hayan fijado en mi.
El culo se me ha puesto chato y los ojos los tengo en posición de lémur de Madagascar esperando el gran momento. Falta poco para que sea medianoche, hora coincidente con el ecuador del festival de cine. Estoy a la espera que el silencio oscuro y frío de mi sintética vivienda se rompa y resuene el eco de la puerta metálica. Empiezan a sonar las campanas y acabo de tener un instante de crisis de personalidad: no sabía si era la cenicienta o la futura mujer del duende malvado de Batman. No he tenido tiempo de debatirlo porqué escucho de fondo el golpe de puerta, pero la del vecino. Ya me extrañaba que un cura como yo, con una carrera "confesional" intachable le concedieran el Goya por hacer misa los domingos. Luego pensé que la chica promiscua se habrá equivocado de número de teléfono. Mi vecino es actor y de los buenos de antes, tiene el mismo nombre que yo y vive en la misma escalera. En fin, tendré que resignarme. Decido levantarme e ir a buscar en la cocina unos cacahuetes salados y devolverme en mi silla incómoda a degustarlos. Primero chupándolos suavemente y luego masticándolos a desgarro, siempre teniendo precaución de no aplastar mi vestido de novia fluorescente filipino.

martes, 15 de octubre de 2013

EL ESPIRITU OBSERVADOR



Decidí morirme para encontrar placer en el viaje. Ahora no tengo limitaciones ni económicas, ni temporales. Disfrutaré observando el eterno con mi paso andante y no me cansaré en perder mi virginidad a través de mi olvido. No existo, más que para mi y para el éxito en un lenguaje que no conozco. Me he convertido en un autómata viajero y en un electrón cansado de voltear sin rumbo. Me gusta que las personas respiren a mi alrededor. Nunca sé quienes son. Sus caras no son desconocidas y su halo es de forasteros ásperos. Los considero actores de una vida ajena a la que vendí por no querer hipotecarme con la trivialidad de la típica familia feliz. A ellos les susurro en el oído cuando me acerco y se aterrorizan por mi presencia-ausencia, imposible de materializar con dignidad.
Soy un polisón universal de constante cambiante y ultrasónica metamórfica; fantasma me dirían algunos o viajero del más allá dirían otros.


viernes, 11 de octubre de 2013

LA FECHA...




Me situaría en lugares estratégicos de afluencia masiva de gente y de forma indiscriminada las asaltaría. Les preguntaría qué día voy a morir yo. Mucha gente dirá hoy y lo afirmará con toda rotundidad, como si fuese un político defendiendo su programa electoral; otros responderán de una forma, más precavida y contestarán ampliando plazos sobre la fecha, cuidándose en salud. Será frecuente recibir respuestas como: "o sea... usted morirá cuando llegue su vejez espiritual, si Diós lo quiere; ¿Entiende lo que le quiero decir, no?. Muy pocos dirán que no lo saben. Éstas últimas son sensatas. Han dicho la verdad.

jueves, 10 de octubre de 2013

LAS NEURONAS DEL CORAZÓN





Acabo de descubrir que mi corazón tiene memoria. No es una broma filosófica ni ninguna metáfora literaria: ¡El corazón tiene neuronas!. Él se acuerda de cuando lo obligamos a correr obligatoriamente el día que perdemos el autobús; llegamos tarde al trabajo o cualquiera otra actividad no recomendable por ser sedentarios titulados.
Desde que leí un artículo de divulgación socio-científica, en concreto una entrevista a una neuróloga exponiendo el tema, a mi "músculo" lo trato diferente, de reojo. He decidido que debo potenciar mi amistad con él, mas que nada por si me juega una mala pasada y me mata. Al fin y al cabo nadie se puede fiar de nadie. Tratándose de un ser pensante, he reflexionado y tal vez pueda mantener una conversa interesante, de intelectual a intelectual. Un día, como aquel que no quiere, le pregunto que piensa sobre la crisis económica. No me responde. Eso me provoca entrar en un estado de obsesión psicótica. Según el especialista de la entrevista a la neuróloga, el cerebro envía menos órdenes al corazón de las que recibe, vaya que no le hace mucho caso al "jefe" del cuerpo. La situación es clara, no me ha querido contestar porqué no soy lo suficientemente inteligente para él. Reflexiono profundamente sobre la situación que me ha ocurrido y pienso que es absurda. Me digo a mi mismo, que inocente eres Néstor, ¡El corazón no tiene boca! Pero acto seguido colisiono con otros hechos en los cuales recuerdo haber mantenido conversas con mi conciencia y esa ¡Ni labios tiene!. Lo que me molesta más es que hasta no hace mucho rato, yo vivía muy tranquilo y relajado sabiendo y teniendo la seguridad que yo sólo era dueño de mi cuerpo; que dominaba mis pensamientos y mis emociones. Desde que tengo “competencia” me he vuelto vengativo y he decidido torturar a mi corazón a sobresaltos y a alimentarlo de colesterol. ¡No le voy a dar el gusto de enamorarse! ¡Prefiero tenerlo tonto y ser su amo y señor absolutista!. ¡Solo faltaría más!

miércoles, 9 de octubre de 2013

VERBORREA




De todos es sabido que a los niños pequeños, aquéllos que digamos que ya son capaces de tomar objetos y molestarte tirándolos al suelo, como quien no quiere, les entusiasman los colores llamativos y chillones. Pues a mi me gustan las palabras que para los demás son desconocidas. Aquellas que han sido almacenadas detrás del cerebro y quedan en desuso. Tal vez por falta de memoria no se utilizan pero a mi atraen como el canto de sirena a un pirata de ultramar.
Tengo un amigo que un día, pensé en decirle que su novia era una “sociocida”. Ve a saber que hubiera pensado siendo orgulloso como es. Con la facha de búho imperial (bubo bubo, para los entendidos) que calza no reconocería que no sabe que significa la palabra. Pero tengo problemas en imaginármelo chillando con frases por el estilo de: ¡Mi pareja no es una suicida ni un insecticida ambulante! ¡La laca de la permanente de tu madre si que lo es! ¡Indencente!
En una mañana de domingo, en aquellas en que uno está aposentado en una terraza con vistas al mar, con su correspondiente sol de invierno, con la playa vacía y con el único ruido del mar sinusoidal, se alcarchofan en la mesa de al lado dos homínidos supuestamente de género femenino tirando a caduco.Podrían ser masculinos, no te lo sabría especificar. En cincuenta mesas a la redonda, la del lado mío, era la mejor según su criterio. Garlaban con mucha eficiencia. No había manera de experimentar la soledad japonesa de Murakami. Decidí entrar en acción con elegancia inglesa:
Queridas! ¿Con esa verborrea no se os queda la boca seca?
y me respondieron:
Muchachote! nosotras no tenemos almorranas y que yo sepa en la boca no hay!
Ignorantes pensé, no quise continuar la conversa. Podía haberles dicho que me producían zozobra, pero naturalmente y manteniendo su nivel de inteligencia, seguro que me responden, que como me atrevía a compararlas con cebras africanas si ellas eran de la Costa Brava. ¡Me faltan palabras para emocionarme!
Tengo la sensación que me tendrían que pagar para detectar la gente ignorante, aunque en ese país es de extrema necesidad que existan. ¡Viva España!

martes, 8 de octubre de 2013

"EL PADRINO"

Tengo un padrino que simula serlo. No quiero decir que no lo sea, sino que por lotería de la vida misma le cargaron con la obligación.No recuerdo haber recibido ninguna mona, ni propina, ni ningún beneficio económico. Sencillamente él hace su vida y yo la mía. No le culpo de nada y pensándolo bien no me escuece, aunque sea un jubilado de barba mal peinada y con un discurso de bromas pesadas, pasadas de moda.
El dilema que me ha ensañado mi cerebro no es mi padrino sino el hecho de que a mis 29 años me hayan propuesto serlo de un recién nacido. Un tipo que se pasa el día durmiendo, pero eso era lo de menos. Como soy una persona atea y estos familiares parecen ser algo religiosos, me angustiaba. Me estremecía que cuando lo bautizaran mi ilustre nombre se quedara reflejado en alguna hoja parroquial con caligrafía de cura de época dictatorial y vetusta.Ciertamente, esa idea me quedó revoloteando en mis neuronas desvestidas. Tuve que almacenar estos pensamientos y reflexionarlos, hasta encontrar alguna solución para aceptar esa responsabilidad, y que la religiosidad del asunto, fuera secundario.
En un sábado de lluvia decido visionar un clásico del cine, la trilogía "The Godfather" para inspirarme y tomar la decisión acertada. Quedé desconcertado. Mi familia no era guapa, ni elegante y no tenían estilo, pero esclarecí el porqué de forma rápida: no eran italianos. En ese momento me vino un escalofrío como de aquellos que uno tiene cuando debe orinar. Se me destelló en mi cara angelical el proceder para aceptar ser padrino. Era evidente, práctica y eficaz: ¡Convertir a la familia en italianos y así ser un buen "Godfather"! ¡Contrataría a los mejores cirujanos y con unos cuantos retoques por aquí y por allá, tendríamos una familia aparentemente italiana!
Me parece que ésta es la única forma y camino para ser el padrino perfecto de ese bebé caga-pañales, creído y poco trabajador.

lunes, 7 de octubre de 2013

SOMBREROS

Un día me hice una pregunta coherente mientras estaba de pie frente una tienda centenaria de sombreros. En la esquina de enfrente de mi casa. ¿Por qué existen esas tiendas si nadie utiliza ese complemento de ropa?
Mi primer pensamiento que me martilló mi mente fue que sólo los calvos los utilizan, por una cuestión de protección personal contra los agentes meteorológicos y biológicos (frío, picadas de avispa asiática...). Tuve casi al instante una decepción profunda. Una bandada de gente desnuda, sana y sin pelos en ningún sitio rompió el silencio de mi vuelta a casa después del paseo matinal. ¡Solo iban vestidos con unas botas militares! ¡Desfilaban en formación y se manifestaban talmente como si fueran caballos desbocados pisando uvas! Declarando la falta de pelo un símbolo de evolución humana y proclamando la muerte a los prehistóricos e involucionados: a los peludos. Había diversas pancartas como: ¡Nunca tenemos frío! O esta: ¡Aomos pelados, algunos calvos y todos por supuesto, inteligentes! o alguna otra, un poco más larga: ¡A la hoguera el capitalismo consumista! ¡No queremos camisas, pantalones, camisetas, calzoncillos ni sombreros!Cuando hubieron pasado por delante mío y se alejaron, la calma volvió en mi domingo. Era evidente que los calvos del pueblo no utilizaban los sombreros y por eso decidí olvidarme de ellos.
Volví a casa a comer mi arroz a la cazuela de costumbre. Dormir mi siesta de doce minutos y medio y luego ir a tomar el café de tarde en el bar de mi amigo en el casco antiguo. Nada más cruzar tres calles, aparecen cincuenta individuos en el cruce donde hay un supermercado africano y en donde venden cuernos de elefante cazados por el rey Juan Carlos II. De buenas a primeras, hubiera dicho que todos eran gemelos. ¿Recordáis los hermanos “Dupond-Dupond”, los policías de las aventuras de Tintin? ¡Calcados! Con su sombrero, bastón, vestido negro y bigote hitleriano largo. Al parecer estaban celebrando una marcha pacífica en favor de la elegancia masculina, el buen vestir y el sombrero. En el momento de cruzarse conmigo se pararon en seco los cincuenta hombres a la vez, me miraron y comentaron:
-Apolinar, tendrías que comprarte un sombrero y algún traje, te favorecería. Parecerías más esbelto y seductor.
Les contesté:
-Lo sé, lo sé. La tienda que tengo cerca de mi casa siempre está cerrada y aunque quisiera no podría comprarme ningún sombrero. ¿Y traje? ¿Para qué? Si no me caso y no lo haré nunca. Esos vestidos sólo uno se lo pone en las bodas. Que yo sepa, ustedes son los únicos del pueblo que llevan algún armatoste en la cabeza y traje.
Los gemelos bien vestidos suspiraron con gesticulación resignada:
-Ay Apolinar, Apolinar. Este es uno de los motivos de nuestra marcha pacífica. Mostrar el camino a todo aquel que no comprenda el concepto de la estética universal contemporánea.Viajar por el mundo es saludable e educativo. Debes salir de este pueblo pequeño y raquítico. Aspirar un nuevo aire. En todos los pueblos y ciudades del mundo la gente viste el sombrero, enamora con él, menos en este pueblo. Para que sepas, hasta hay encuentros de sombreros para discutir las distintas formas de calzarlos en la cabeza. Establecer las últimas tendencias del mercado y exponer nuevos materiales, tipos de corte, de confección…
AApolinar, Apolinar. La tienda que tu has comentado está cerrada, ¡Como no va a estarlo! ¡Si el sombretero murió hace años!
Los cincuenta “Dupond-Dupond” se despidieron elegantemente, como no, y siguieron su marcha pacífica a favor de la elegancia masculina, el buen vestir y del sombrero, todos a unísono. Y yo me fui a tomar mi café como cada domingo de mi vida, habiendo resuelto por primera vez una pregunta coherente.